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Intento de sonetos I

De todas las estructuras poéticas metrificadas tradicionales, el soneto se lleva mi preferencia. Me gusta leerlos, pero también, a veces, escribirlos. Los resultados de esta esporádica empresa son, cuando menos, discutibles. 
Aquí dejo algunos de mis más recientes sonetos: 


Un verdadero soneto. De Federico García Lorca. 

Soneto de la ola final

¡Oh,  pagad dos óbolos a Caronte!
Dejadme en la costa con el soborno,
él entenderá, no preciso adorno:
mi viaje empieza por el Aqueronte.

Me dirigirá hacia el vasto horizonte,
rodeará del Hades el contorno,
hacia la sal oscura sin retorno
de la espuma erguida detrás del monte.

Mi sombra, entonces, olerá la arena,
probará el tímido fuego de un faro
oculto en un manto de luz ajena.

Permitiré, pues, que a mi cuerpo claro
Tálasa, con una elegía amena,
me engulla toda el alma sin reparo.

Este soneto, compuesto a mediados del 2018, responde a las reiteradas lecturas que realicé para una materia de la facultad sobre la mitología griega. 

Soneto del final espurio

Cada uno de los trazos que he vivido,
cada signo ilegítimo habitado,
cada símbolo veraz desdeñado,
cada guion bastardo que he escogido.

Es vasto códice de sinsentido,
rollo necio de engaños abastado,
ante estos ojos, aquí, revelado:
variante falaz, engaño escondido.

Y en esta oscura cueva agonizante,
oculto  mi franca y genuina esencia;
tú, Amor, hállala en tu abrazo distante.

Mi vida es una inacabable ausencia,
entre infinitos finales, fluctuante;
búscame en el Qumrán de mi existencia.

El descubrimiento de los rollos del mar muertos fue un hito de la arqueología de la segunda mitad del siglo XX. Particularmente, la crítica textual y la ecdótica neo y veterotestamentaria son realmente apasionantes para mí. Los últimos versos de cada terceto siguen sin convencerme. 

Despedida

Existencia, me llamas. No contesto.
La lluvia es de mis ojos la sordera,
quizá aquel silencio que a veces era
cuando el dolor llenaba todo el resto.

Existencia, me llamas. No contesto.
Será que al fin mi cama es de madera,
con flores blancas y lumbres de cera,
mi cuerpo frío, desnudo y expuesto.

Existencia, ya no podré ser tuyo
pues mi boca sorda y mis ojos mancos
 todo he dado a aquello que no ha sido.

Existencia, no es de ti de quien yo huyo,
es de estos desolados besos blancos,
es del fuego en ceniza convertido.  

Este soneto es el último que escribí hasta la fecha. El estrés y la ansiedad que provocan los exámenes hechos soneto.


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